Enero del nuevo año: nos enfrentamos a nuevos retos, personas, espacios y a una nueva manera de vivir la vida. Esperamos cambios, que los deseos de las 12 uvas que pedimos en los campanazos entre el 2017 y 2018 se hagan realidad. Sin embargo, más de la mitad de los deseos de año nuevo no se llevan a cabo. ¿Estamos deseando mucho y proponiéndonos muy poco?

Muchas veces en el calor de las fiestas de fin de año, nos ponemos propósitos irreales, casi deseos y ahí está la falla. Debemos proponer, con cabeza fría y con mucha voluntad metas realizables, planes y maneras de trazarlos.

¿Por qué fallan tanto los propósitos de año nuevo? Según Jen A. Miller, columnista del New York Times, pueden haber tres razones principales por las cuales los propósitos de año nuevo tengan más posibilidades de fracasar: “1. Es un propósito planteado en base a lo que alguien más quiere que cambies. 2. El propósito es indefinido 3. El propósito no tiene un plan determinado mediante el cual se pueda realizar.”

Para crear metas realizables, se debe tener en cuenta que sean específicas, mensurables, alcanzables, relevantes y razonables con respecto el tiempo. Charles Duhigg, columnista, editor y autor de “El Poder de los Hábitos” recomienda propósitos que sean resultado de hacer cambios en el comportamiento habitual. El fin de ello sería acabar con los malos hábitos, para lo que primero, recomienda deconstruir estos en tres partes: señal, rutina y recompensa. Un ejemplo de este método sería:

Hábito: Comer más de la cuenta

Señal: Siento ansiedad

Rutina: Como sin hambre

Propósito para cambiar el hábito: Encontrar actividades que liberen tensión y calmen ansiedad, tales como caminatas, lectura, escribir, etc.

Este método brinda la posibilidad de trabajar en un cambio de manera gradual pero efectiva. Los expertos aconsejan realizar cambios a paso por semana. Es más fácil para nuestro cerebro incorporar rutinas si estas se hacen de manera paulatina. Un ejemplo es: si el propósito es hacer ejercicio, empezar la primera semana vistiéndose con ropa de ejercicio los días que se desee realizarlo, sin siquiera salir de casa. Las semanas que siguen se introducen los pasos del plan poco a poco, de manera que se crea un progreso, que aunque lento, asegure la victoria para ti. Además cada cambio debe tener una recompensa debido a que si ésta no se tiene en cuenta, el cerebro no seguirá el hábito. En este caso un ejemplo de recompensa sería una ducha larga a una temperatura ideal.

A esto se le debe sumar una técnica de antaño: llevar un diario o agenda, donde se lleve apunte de la evolución de estos. En este se debe llevar un seguimiento de sueños (aumento de la creatividad), horario de sueños, de comidas, sentimientos y de actividades específicas como pasatiempos y trabajo o estudio. Esto además facilita evaluar cómo se está llevando a cabo los planes y a plantear mejoras y cambios en estos.

Por último, el punto que se suele olvidar: cada plan de un propósito debe tener espacio para errores y excepciones. Se debe ser lo más realista posible teniendo en cuenta el deber que tenemos como seres humanos en la sociedad y el mundo, eso sí, sin caer en el cinismo.

¡Feliz inicio de año 2018!